XXIV Convención Nacional de Panamá
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Titulo: “Y CUANDO DIOS CIERRA LA PUERTA”
Texto: Génesis 7:13-16
Texto de Soporte: Romanos 3:23
EL plan de Dios con la humanidad es el arrepentimiento, reflejando su amor y compasión para darnos vida y vida en abundancia.
El nos encontró y no nosotros a él, porque él sabe lo que somos y donde nos metemos, de manera que no nos enorgullezcamos. Nadie se puede esconder de la justicia de Dios, tarde o temprano seremos alcanzados. El ser humano se contaminó con el pecado desde el escenario de Adán, Eva y el diablo en el huerto del Edén, el pecado de ellos no fue limpio, sino cubierto con las vestiduras que Dios les puso, desde entonces Dios hizo el llamado a la reflexión y a la conciliación, pero hoy nuevamente se mantiene vivo ese llamado y nos pregunta: dónde est´s tu parado?, al borde de la condenación? La palabra de Dios señala: que la fe viene por el oír y el oír por la palabra; Adán reflexionó y decidi´ salir de su escondite al escuchar el mensaje que Dios les expuso; a través del plan de redención y el derramamiento de la sangre de su hijo, allí se celebró el proceso de reconciliación más grande. Hoy día esa sangre sigue fluyendo con el mismo poder para limpiar y romper las cadenas que atan al hombre. Recordemos que nuestro enemigo debe estar arrastrado porque ésa es su condena, para él no hay esperanza, ya ha sido condenado desde el momento que nuestro señor Jesucristo pagó el precio en la cruz del calvario, se humilló a lo sumo y nos dio un nuevo nombre, nombre que es sobre todo nombre, en el cual toda rodilla se doblará y toda lengua confesará que Jesucristo es el Señor, él le arrebatólas llaves del infierno y de la muerte y nos dio una gran victoria. Para mantener el regalo tan grande que Dios nos ha dado, como lo es la salvación de nuestras almas, es necesario mantener una vida santa, Dios nos exige santidad para tener una comunión integra con él; en Gálatas 6:8 dice Porque el que siembra para su carne, de la carne segar´ corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna. El ser humano busca siempre la contaminación degenerada y pecaminosa, porque no tiene la forma como sujetarla; Romanos 7:24 dice: “miserable de mi, quién me librar´ de éste cuerpo de muerte”. La sangre de Cristo nos limpia de todo pecado, es el suero, el veneno que nos limpia de toda contaminación, bajo la cobertura de su sangre y en su nombre, estamos en victoria. Las puertas del infierno no prevalecerán contra la iglesia, Dios nos dio potestad para echar fuera demonios, sanar los enfermos, deshacer las obras del enemigo y frenar la depravación de ésta carne heredada; pero es necesario mantener una santificación, orando, ayunando, vigilando. Tesalonicenses 5: 23 “Y el mismo Dios de paz os santifique por completo; y todo vuestro ser, espíritu, alma y cuerpo sea guardado irreprensible para la venida de nuestro Señor Jesucristo” NO esperes que se cierre la puerta como en los días de Noé, hoy esa puerta está abierta aún y Dios te está llamando a que entres por ella y seas cubierto con la sangre de Cristo, para que puedas vencer al enemigo de nuestras almas, el diablo, la carne y el mundo.